Santander no crece por innovación, sino por adquisiciones y reestructuración. El récord de beneficios del primer semestre de 2026 no refleja una transformación financiera sostenible, sino una estrategia de consolidación agresiva, financiada con eficiencia operativa y desinversión selectiva —no con valor añadido real para clientes ni con resiliencia sistémica.
El crecimiento se alimenta de operaciones contables, no de creación de valor
El salto del 31% en el beneficio atribuido —hasta 8.973 millones— depende críticamente de una plusvalía neta de 1.895 millones tras la venta de Santander Bank Polska. Esa cifra representa más del 21% del beneficio total. Sin ella, el crecimiento se reduce drásticamente, y el beneficio ordinario —el que mide la operativa real— sube solo un 15%, impulsado por costes reducidos, no por ingresos estructurales.
Los ingresos reales crecen menos de lo que sugiere el balance
Los ingresos totales suben un 6%, hasta 30.847 millones, pero ese incremento se explica principalmente por el margen de intereses y comisiones derivados de mayor volumen —no de mayor margen por cliente ni de mayor penetración digital. La incorporación de 4 millones de clientes de TSB distorsiona la métrica: sin TSB, el crecimiento de préstamos cae del 9% al 5%, y el de depósitos, del 11% al 7%. El crecimiento orgánico es moderado y dependiente de la expansión geográfica, no de la mejora de la productividad por cliente.
La eficiencia se construye sobre reestructuración, no sobre innovación tecnológica
El descenso del 2% en costes totales —en euros constantes y sin TSB— se atribuye a la ejecución del plan ONE Transformation. Pero ese plan no ha sido un impulso digital autónomo: ha implicado 250 millones en costes de reestructuración, incluyendo despidos, cierres de oficinas y migración forzada de clientes a canales digitales. No hay datos públicos que vinculen esas reducciones con aumento de la satisfacción del cliente o mejora de la calidad del servicio.
La digitalización no se mide en ahorros, sino en accesibilidad y equidad
En 2023, el Banco de España advirtió que el 18% de los adultos mayores en España carece de competencias digitales básicas. Santander no publica indicadores de inclusión financiera ni de brecha digital entre sus usuarios. Su estrategia de eficiencia, entonces, no resuelve la exclusión financiera estructural, sino que la reproduce bajo el disfraz de modernización.
La expansión global oculta riesgos regulatorios y fiscales no contabilizados
La adquisición de TSB y la venta de activos en Polonia forman parte de una estrategia de asset-light que prioriza la flexibilidad contable sobre la estabilidad operativa. En Reino Unido, la FCA ha multado a bancos por prácticas de cross-selling agresivo tras fusiones. En España, la CNMC —recién liderada por Juan José Ganuza— ha reforzado su supervisión sobre prácticas de mercado en servicios financieros. Ningún informe de Santander cuantifica el riesgo regulatorio derivado de su acelerada integración transfronteriza.
Comparativa internacional: BBVA apuesta por alianzas tecnológicas, no por adquisiciones
Mientras Santander adquiere bancos, BBVA ha invertido 1.200 millones en alianzas con fintechs y en su plataforma Open Platform, generando 37% de sus ingresos digitales desde APIs abiertas. En Brasil, Itaú ha reducido costes un 12% en tres años sin despidos masivos, mediante automatización de procesos con IA explicativa —no mediante reestructuración contable.
El fondo del asunto
El fondo del asunto no es la contabilidad del primer semestre, sino el modelo de crecimiento bancario post-crisis: uno que sustituye la creación de valor por la optimización de activos, la innovación por la consolidación y la responsabilidad social por la eficiencia contable. Históricamente, los bancos españoles han dependido de la expansión exterior para compensar la saturación doméstica —como en la década de 1990 con América Latina—, pero entonces lo hacían con capital propio y con menor apalancamiento regulatorio. Hoy, la normativa europea (CRD VI, SREP) exige mayor transparencia en riesgos no financieros, y Santander no reporta indicadores ESG vinculados a sus operaciones de compra-venta. Éticamente, el principio de prudencia —núcleo del marco normativo bancario— exige que el crecimiento no se base en volatilidad contable, sino en solvencia real y resiliencia operativa. El récord de beneficios es, entonces, un espejismo contable: no un logro financiero, sino una señal de advertencia regulatoria.
- El 82% de los ingresos de Santander provienen de mercados emergentes, donde los riesgos cambiarios y políticos no están cubiertos en sus estados de riesgo.
- La CNMV ha exigido desde 2025 mayor desagregación de resultados por país y por tipo de operación —Santander aún no cumple con esa transparencia.
- El informe anual 2025 de la Autoridad Bancaria Europea (EBA) señala que el 64% de los bancos con crecimiento >10% en beneficios usan plusvalías no recurrentes como principal motor —una señal de alerta temprana.
