El robo coordinado de camisetas de la Selección Española en tiendas de Bilbao, Pamplona y Vitoria no es un acto aislado. Es la expresión más reciente de una estrategia política que instrumentaliza el fútbol como arma simbólica. Desde 1967, no se celebra un partido oficial de la Roja en Euskadi. El rechazo institucional, la ausencia de apoyo político y los actos vandálicos reflejan una fractura profunda entre identidad deportiva y soberanía territorial.
¿Por qué el fútbol sigue siendo un campo de batalla en Euskadi?
El fútbol en el País Vasco no es solo deporte. Es un espacio de disputa simbólica. La Euskal Selekzioa, aunque no tiene reconocimiento de la FIFA ni de la UEFA, es promovida como símbolo de soberanía por sectores del independentismo. Su oficialidad no depende de resultados deportivos, sino de decisiones políticas que el Gobierno Vasco ha rechazado explícitamente.
La vicehendakari Ibone Bengoetxea dejó claro en mayo de 2026 que no impulsará partidos de la Roja en Euskadi. Su argumento es doble: no es competencia del Ejecutivo vasco y no existe una demanda mayoritaria entre la ciudadanía. Esa postura refleja un equilibrio institucional frágil, entre respeto a la legalidad y presión social.
¿Qué implica el asalto a tiendas deportivas por parte de Ernai?
Ernai, la organización juvenil de Sortu, actuó con coordinación logística y difusión mediática. Los militantes, encapuchados y con gorras, entraron en cadenas comerciales para robar camisetas y sudaderas de la Selección Española. Grabaron los actos y los publicaron en redes sociales como propaganda política.
El uso deliberado de la violencia simbólica
Los actos no buscan solo el robo. Buscan la humillación pública del símbolo nacional. Las pegatinas con lemas como «esto no es ni España ni Francia» apuntan a la negación del marco estatal. Este tipo de acciones forma parte de una estrategia de deslegitimación simbólica, reconocida por informes del Ministerio del Interior y la Fiscalía Antiterrorista.
¿Cuál es el marco legal y económico de estos actos?
Los robos califican como delitos contra la propiedad y pueden agravarse por su naturaleza organizada y su intención propagandística. La Fiscalía Antiterrorista ya investiga si los hechos cumplen los requisitos del artículo 579 del Código Penal (asociación ilícita con fines violentos). Además, las tiendas afectadas han denunciado pérdidas económicas directas y daños a su imagen de marca.
El impacto económico va más allá de lo material. El turismo deportivo y los eventos federativos evitan Euskadi por la percepción de inestabilidad. Según datos de la Cámara de Comercio de Bilbao, el sector del deporte y el ocio perdió un 12 % de ingresos en 2025 por la ausencia de grandes eventos nacionales.
¿Qué dice la ley sobre la celebración de partidos de la Roja en Euskadi?
La competencia para autorizar partidos internacionales corresponde a la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), con aval del Consejo Superior de Deportes (CSD). El Gobierno Vasco no tiene potestad para vetarlos, pero sí para negar el uso de infraestructuras públicas o retirar apoyo logístico. Esa ambigüedad legal permite el bloqueo de facto.
La jurisprudencia del Tribunal Constitucional
En 2022, el TC reafirmó que la organización de competiciones deportivas estatales no puede ser obstaculizada por comunidades autónomas. Sin embargo, no puede imponerse el uso de instalaciones si no hay voluntad política. Esa laguna permite la parálisis administrativa.
Datos Clave
- El último partido de la Selección Española en Euskadi fue en 1967, en San Mamés.
- Ernai está vinculada a Sortu, partido legalizado en 2013 tras su distanciamiento de ETA.
- El Gobierno Vasco no ha financiado ni promovido ningún acto institucional en apoyo a la Roja desde 2015.
- Las acciones de Ernai en 2024 y 2026 han sido calificadas como propaganda ilegal por el Ministerio del Interior.
- La RFEF ha rechazado 7 solicitudes de partidos amistosos en Euskadi desde 2019 por falta de garantías logísticas.
El fútbol sigue siendo un espejo de las tensiones políticas en el País Vasco. Cada camiseta robada, cada estadio vacío y cada declaración institucional revela una disputa que va mucho más allá del campo. La Euskal Selekzioa, la Selección Española, la RFEF, el Gobierno Vasco y la Fiscalía Antiterrorista están todos en juego. No se trata de un conflicto deportivo. Es una batalla por el significado de la pertenencia.
