La Central Nuclear de Almaraz, situada en la provincia de Cáceres, se ha convertido en el epicentro de la campaña electoral en Extremadura, especialmente de cara a los comicios programados para el 21 de diciembre de 2025. Este debate no solo gira en torno a la energía que produce, sino también a su impacto económico y social en la región. Con una población de 1.594 habitantes en 2025, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), Almaraz y su comarca, Campo Arañuelo, presentan la renta media por hogar más alta de toda Extremadura, alcanzando los 41.253 euros anuales, en contraste con los 26.968 euros de media regional.
La Central Nuclear de Almaraz es una de las cinco plantas nucleares que aún operan en España, junto a Ascó, Cofrentes, Trillo y Vandellós. Según datos de Centrales Nucleares Almaraz-Trillo, esta planta es responsable del 7% de la demanda anual de electricidad en el país, lo que equivale al suministro de aproximadamente cuatro millones de hogares. Además, su funcionamiento evita la emisión de seis millones de toneladas de CO2 al año, lo que la convierte en un actor clave en la transición hacia un modelo energético más sostenible.
### Impacto Económico y Social de la Central Nuclear
El impacto económico de la Central Nuclear de Almaraz es significativo. Un informe de la consultora Metyis destaca que la planta genera alrededor de 3.800 puestos de trabajo, tanto directos como indirectos, en Extremadura, de los cuales más de la mitad se encuentran en la comarca de Campo Arañuelo. Esta cifra resalta la importancia de la central no solo como fuente de energía, sino también como motor económico para la región.
La contribución fiscal de Almaraz es igualmente notable, alcanzando los 435 millones de euros anuales, de los cuales 94 millones se destinan a las administraciones extremeñas. Esta inyección de recursos es vital para el desarrollo local y para mantener los servicios públicos en la región. Los defensores de la energía nuclear argumentan que Almaraz es una de las centrales más seguras del mundo, respaldada por la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO), que ha otorgado a la planta la máxima calificación en seguridad, cumpliendo con cinco de los objetivos establecidos para la industria nuclear mundial para 2030.
Sin embargo, la continuidad de la central no está exenta de controversia. La Plataforma ‘Sí a Almaraz, Sí al Futuro’, formada en 2025, defiende la necesidad de prolongar la vida útil de la planta, argumentando que su cierre tendría un impacto devastador en la economía local. Según sus representantes, la pérdida de Almaraz no solo significaría la desaparición de miles de empleos, sino que también aceleraría la despoblación de la región, afectando gravemente a las familias y al tejido empresarial local. La plataforma enfatiza que la central no solo representa empleo y riqueza, sino también un futuro para la comarca.
### La Oposición y las Preocupaciones Ambientales
Por otro lado, las organizaciones ecologistas han manifestado su oposición a la energía nuclear, centrándose en la gestión de los residuos nucleares. Argumentan que la energía nuclear no es una opción limpia y que su flexibilidad es limitada en comparación con las energías renovables. Desde Ecologistas en Acción Extremadura, se sostiene que la rentabilidad de la Central Nuclear de Almaraz depende de la socialización de sus pérdidas con dinero público, lo que plantea serias dudas sobre su viabilidad a largo plazo.
Uno de los puntos más críticos en el debate es la gestión de los residuos nucleares. Las organizaciones ecologistas han denunciado que el fondo destinado a la gestión de estos residuos es insuficiente y deficitario, lo que retrasa la construcción de una solución estable y duradera, como el Almacén Geológico en Profundidad, hasta 2073, tres años después de que las eléctricas cesen sus responsabilidades. Esta situación genera preocupación entre la población, que teme por la seguridad y el futuro del medio ambiente en la región.
El calendario de cierre de la Central Nuclear de Almaraz, que prevé la clausura del primer reactor en 2027 y del segundo en 2028, ha intensificado el debate social y político. Este plan de cierre es parte de un acuerdo más amplio entre las eléctricas y el Gobierno central para reducir gradualmente la dependencia de la energía nuclear y avanzar hacia un modelo energético basado en fuentes renovables. Sin embargo, las empresas propietarias de la planta han solicitado una prórroga para extender su vida útil hasta al menos 2030.
La decisión final sobre la prórroga dependerá del Ministerio para la Transición Ecológica, que ha solicitado un informe al Consejo de Seguridad Nuclear para evaluar la viabilidad y las condiciones de seguridad necesarias para llevar a cabo esta extensión. La incertidumbre sobre el futuro de Almaraz ha generado diversas opiniones entre los partidos políticos de la región.
María Guardiola, del Partido Popular, se ha manifestado a favor de la continuidad de la planta, proponiendo una reducción gradual de los tipos de gravamen en el Impuesto sobre Instalaciones que Inciden en el Medioambiente, siempre que la Central Nuclear de Almaraz permanezca operativa. Por su parte, Vox se presenta como la «única garantía» para implementar políticas que respalden la defensa de Almaraz, incluyendo la eliminación de la ecotasa, un impuesto autonómico que grava la producción y almacenamiento de energía nuclear.
El PSOE extremeño ha adoptado una postura más cautelosa, apoyando la continuidad de la central hasta que se garantice la llegada de otra industria de igual envergadura a la región. En contraste, Unidas por Extremadura es la única formación que aboga por el cierre de la planta, exigiendo que se lleve a cabo dentro de los plazos establecidos y en condiciones que aseguren la protección del medio ambiente y la salud de las personas.
El futuro de la Central Nuclear de Almaraz no solo influirá en el resultado de las elecciones, sino que también tendrá repercusiones significativas en el modelo energético de la región y en su estructura económica. La intersección entre la política, la economía y el medio ambiente en torno a esta central nuclear plantea un desafío complejo que requerirá un enfoque equilibrado y sostenible para el desarrollo de Extremadura en los próximos años.
