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Los límites de la aventura: El nacimiento de un género

by Javier Gutiérrez
Genero aventura y alpinismo
La aventura y la lucha del hombre contra la naturaleza eran los temas de una nueva colección de libros que lanzaba la editorial Península en el año 2000, en un momento en que las actividades de exploración y riesgo eran materia creciente de publicación. Otras editoriales que ya cultivaban el género siguen incidiendo en él a día de hoy.

En el año 2000 veía la luz “Límites”, una colección que la editorial Península (Grup 62) lanzada como “complemento y contrapunto natural” a “Altaïr Viajes” cuando esta acababa de cumplir el segundo aniversario de su lanzamiento.

Esta colección nacía con la intención de dar salida a textos cuyo tema principal es la aventura y la lucha del hombre contra la naturaleza, sin por ello renunciar a la calidad literaria. En la edición del año 2000 de la Feria de Francfort, los responsables literarios del grupo editorial –Anik Lapointe y Ernest Folch– pudieron comprobar que la aventura era el género en alza y el que cotizaba más alto en el mercado del lector medio.

Una vez más, el fenómeno editorial tiene un claro origen de denominación: Estados Unidos. La necesidad de crear una nueva colección especializada como contrapunto a “Altaïr Viajes” viene dada por ser ésta una colección consolidada, con un perfil editorial muy definido y una fuerte carga literaria en sus contenidos, que se despliegan en dos direcciones: textos de viajeros clásicos contemporáneos, por un lado, y libros de autor que recogen la más reciente visión del mundo por el otro.

En cambio, “Límites” ya pretendía acercarnos a los desafíos que se ha planteado el hombre ante el medio natural –tierra, mar y aire–, en una búsqueda tal vez exacerbada de los límites del esfuerzo humano.

Los tres primeros títulos que se anunciaban entonces como tarjeta de presentación de la colección y de su filosofía eran:

  • Los “Sueños del Eiger” de Jon Krakauer.
  • “El explorador perdido” de Conrad Anker y David Roberts.
  • “La vuelta al mundo en 20 días” de Bertrand Piccard y Brian.

El auge del género de aventuras y el alpinismo

El propósito de los editores era no exceder los seis títulos al año. Hay dos factores decisivos para entender el auge del género aventura hoy. El primero, de carácter más general, está relacionado con la necesidad de hallar nuevas formas narrativas para la divulgación y que ha dado títulos que han sabido aunar calidad y amenidad con el éxito de público.

Esta renovación de la no ficción ha dado últimamente como resultado historias narradas de tal manera que el lector acaba leyéndolas como si fueran verdaderas novelas. Libros como “La longitud”, de Dora Savel, o “El bacalao. Biografía del pez que cambió el mundo”, de Mark Kurlansky, acreditaban ya entonces esta línea emprendida para encauzar la popularización de temas que en principio parecerían reservados a los especialistas y destinados a un tipo de libro más tradicional como es el ensayo.

El segundo factor que incide en la revalorización del género tiene nombre propio: el periodista y alpinista estadounidense Jon Krakauer. Con tres libros publicados en su haber, puede afirmarse que Krakauer es al género de aventuras lo que Bruce Chatwin significo para la renovación de la literatura de viajes.

Ahora bien, este renacimiento del género no puede acabar de entenderse sin considerar el papel desempeñado por una serie de revistas relacionadas con el tema de la aventura y el alpinismo durante la última década, entre las que destaca una cabecera por encima del resto, incluida la prestigiosa “National Geographic”. Se trata de “Outside”, que ha sido considerada la mejor revista estadounidense de los años 1997, 98 y 99 y la impulsora de una nueva concepción de este tipo de literatura que enlaza a menudo con lo mejor del otrora nuevo periodismo.

Tampoco resulta infrecuente que estas revistas financien algunas expediciones o la parte periodística de ellas. Es el caso, por ejemplo, de la que dio lugar al libro “Mal de altura” / “La febre del cim” (Ed. B / Empúries), del propio Krakauer, que viajó en 1966 como corresponsal de “Outside” en la trágica expedición guiada por Rob Hall al Everest.

Jon Krakauer, un autor para un género

Tanto si el lector es un adicto a la escalada o a la aventura “tout courte”, como si se trata de un crítico recalcitrante de la misma, una cosa es segura: los libros de Jon Krakauer, las experiencias que cuenta en ellos, no dejan indiferentes. Krakauer no pretende convencer a nadie sobre lo saludable que resulta que la adrenalina se dispare en nuestro organismo víctima del sedentarismo gregario y urbanita.

Lo que desvela es el factor humano que encierran los deportes de riesgo, al tiempo que amplía la percepción un tanto esquemática que pueda tener un lector corriente y no iniciado en estos temas. Así, en “Mal de altura” surge el problema de la comercialización y masificación de las expediciones al Himalaya.

Siendo el alpinismo el centro de sus historias, el mérito de Krakauer radica en saber explorar lo que hay de peripecia vital; es decir, intenta descifrar ese código secreto que lleva al hombre a enfrentarse a la naturaleza y a sus exigencias como forma de autoconocimiento.

En “Sueños del Eiger” se abordan aspectos colaterales del alpinismo –la vida en una tienda de escalada, el conservacionismo y el barranquismo en Colorado, la sociedad de Chamonixo la filosofía del gurú del búlder entre otros–, que descubren aspectos de una realidad mal conocida. La fascinación que ejercen los grandes espacios salvajes, las complejas relaciones entre padres e hijos o la atracción de los jóvenes por el riesgo son algunos de los temas de “Hacia rutas salvajes” (Ediciones B) donde reconstruye la vida y muerte de un joven hipnotizado por la Última Frontera (Alaska).

Krakauer es una voz crítica que plantea interrogantes sobre los límites éticos del crecimiento actual del alpinismo. Está en contra de cierto misticismo que se ha amparado de los deportes de riesgo como forma de combatir el “horror vacui” de la civilización, pero no comparte la opinión de que sea cosa de soñadores e inadaptados.