Las tres mujeres de Ángel Nieto

«De este mundo nos vamos todos, no hay nadie que se quede aquí. Y creo que hay un momento de lucidez antes de irte en el que probablemente si te vas diciendo “yo no he querido hacer daño a nadie”, te vas más tranquilo. Espero que en mi caso sea muy tarde, pero creo que será así. Nunca he pretendido fastidiar a nadie». Así zanjaba Ángel Nieto el año pasado una entrevista a un programa de televisión. Con la conciencia tranquila por haber trabajado duro toda su vida, sabedor de que nadie le había regalado sus victorias y «totalmente feliz» por la familia que había construído, Ángel Nieto sabía que había tenido una vida plena y apasionante.

El jueves, la familia Nieto perdía a su patriarca y a un modelo a seguir. El destino es tan caprichoso que ha querido que aquello que siempre temió su madre cuando competía en los circuitos, fuera la razón de su muerte durante su retiro de las pistas. Un accidente de tráfico en Ibiza, esta vez sobre un quad, ha acabado con la vida del legendario piloto.

Discreción, humildad y constancia. Así se podía definir a Ángel Nieto, y es el mejor legado que puede dejar a los suyos. Tres virtudes que, sin duda, heredó de su madre, Teresa Roldán, que hace tan solo unos días cumplía los 100 años. «Está hecha un cañón», decía Nieto sobre ella, llegando a bromear con la posibilidad de estar como su madre a su edad porque le acompañaría esa buena genética. La historia de Teresa Roldán es un testimonio de superación. Cuando Ángel tenía un año, la familia al completo se trasladó de Zamora a Madrid y se instalaron en el centro de la capital, donde ella encontró un trabajo como ayudante del servicio en la casa de una familia acomodada. Al poco tiempo se asentaron en el madrileño barrio de Vallecas, donde su padre construyó una pequeña casa con lo justo para que pudieran vivir. Allí su madre se reinventó y montó una huevería-pollería. Si en 1969, con 22 años, Ángel Nieto cumplía su sueño de ganar el que sería su primer título mundial en la categoría 50cc, no sería hasta tres años más tarde cuando hizo realidad uno de sus deseos más importantes: conseguir que su madre dejase de trabajar. Para entonces su palmarés ya había aumentado con dos títulos más y, lo que no sabía el corredor, es que lo aumentaría en diez ocasiones más.

Nieto besa a su madre cuando ganó un título en 1972- ABC
Y fue precisamente en el año que ganó su cuarto título, en 1975, cuando se casó con Pepa Aguilar, su primera mujer, quien trabajaba en la droguería de al lado del taller mecánico donde trabajaba Ángel. Al poco tiempo de darse el «sí, quiero» nacieron Gelete (40) y Pablo (37), los dos hijos mayores del «12+1» veces campeón del mundo en motociclismo. El matrimonio duró 15 años, hasta que en 1990 el piloto se enamoró de Belinda Alonso, la madre de su tercer hijo, una joven leonesa 14 años menor que él que vivía su retiro de las pasarelas después de haber ejercido como modelo en la década de los 70. Se casó con ella en el 2000.

En 1975, Nieto y Pepa Aguilar daban el «sí, quiero»- EFE
Esposas casi anónimas
Pepa se quedó en la casa familiar de Boadilla del Monte con los niños, a los que Nieto visitaba a diario. «Me fui de casa porque me enamoré de Belinda a lo bestia, como un caballo de carreras. En el amor he vivido quizá las cosas más bonitas que me han pasado. Cuando me enamoro, soy probablemente más apasionado que con las motos, pero el amor te da mucha vida y también muchos problemas», dijo en 2006 al suplemento de este periódico «XL Semanal». Y añadió: «A Pepa la quiero mucho y le tengo un gran respeto. Reconozco que soy un poco ‘rebolera’, me gusta divertirme, pasarlo bien, pero siempre respetando todo lo que tengo alrededor y quiero; soy un tío de raíces. Ahora tengo un hijo de cuatro años, Hugo, que es un cañón».

Si algo tienen en común las dos mujeres de Ángel Nieto son su saber estar y discreción. A Pepa no se la ha vuelto a ver en un acto público tras su divorcio del piloto, se alejó de los focos y recuperó su anonimato. Por otro lado, las apariciones de Belinda durante los últimos 17 años han sido escasas. A caballo entre Ibiza y Madrid, vivía por y para su familia. Ahora ella, como todo el clan Nieto, tendrá que recomponerse tras esta pérdida inesperada y repentina. Así lo comunicó ayer a los medios Gelete: «Estamos sacando fuerzas de donde no hay, ha cambiado todo de un día para otro».

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